viernes, 29 de marzo de 2019

"Acciones comunitarias que pueden ser sinónimo de vida".


El día de ayer, cuando la cifra de ciclistas fallecidos en Bogotá ascendió a 20 sin haberse terminado el primer trimestre del 2019, estaba hablando con mi papá (un ex-ciclista que encuentra un tanto de alegría en saber que al menos una de sus hijas ama la bicicleta tanto como él) me decía: 

"1. Hija, sin duda hay que aprender a ir con los carros; 2. Lo triste es que esto no es de hoy, es desde siempre, cuando yo entrenaba pasaba el tema es que ahora a mayor cantidad de ciclistas mayor oportunidad (cantidad) de robos y 3. Gracias a las redes sociales ahora todo se sabe, la información es prácticamente inmediata, el problema es que con esa información no pase nada..."




Y si, cuando uno analiza la situación, la mitad del problema es la falta de educación, la falta de respeto, la falta de valor por la vida misma, la escasa importancia que se le da al que vulnerablemente va sobre la bicicleta; la otra mitad es la indiferencia, se graban robos, caídas, atracos, se graban prácticamente los homicidios y nadie habla ni dice nada, ni siquiera una llamada a una línea de emergencia para informar lo que sucede... 

Así, entre tristeza, rabia, impotencia, olvido, indiferencia y hasta resignación comunitaria y política, se han ido veinte vidas. Veinte vidas que pudieron haberse salvado si la ciudad a la que hipócritamente denominaron "capital mundial de la bicicleta" tuviera ciclorrutas con una buena iluminación, si tuviera una seguridad garantizada, si la infraestructura fuera la adecuada y no una constante de subidas y bajadas de andenes y el sorteo de postes, bolardos y huecos pintados de azul (con una pintura que en época de lluvia resulta mortal), si la justicia fuera real y certera con quienes roban, con quienes hieren, con quienes matan por una bicicleta. 




Son veinte vidas que pudieron haber sido salvadas si destinarán algo de atención y prioridad a educar, no a uno sino a todos los actores viales, sobre la importancia de la vida, sobre el respeto por el espacio vital del otro, sobre las leyes que otorgan deberes y derechos a los unos y a los otros, si se dedicarán a enseñar y recalcar constantemente que en la vía nadie le va quitando nada a nadie, que simplemente se trata de tolerancia, de comprensión, de respeto, de bajarle al mal genio y al afán, se trata entender que quien va al lado es hij@, padre, madre, espos@, novi@, amig@, compañer@ y que cuando ocurre una muerte no solo se apaga la vida de quien se entierra, sino también la de una familia entera que al final del día queda marcada con el dolor, la impotencia y la sosobra del por qué.

Todas estas letras pasan de mi mente a mis manos estando en mi casa junto a mi hijo mientras en otro lado de la ciudad, muchos y muchas ciclistas cansad@s de ver como las vidas de otros compedales son apagadas para convertirse en cifras que para el distrito parecen ser irrelevantes (conclusión a la que se llega porque ¡No dan solución de nada!) se suben a sus bicicletas, se toman la vía, redignifican un espacio donde un ciclista murió hace menos de tres días a manos de un par de ladrones y luego pasan a darle algo de vida a un sector de la ciudad donde parece que a nadie le importara que día a día lo transitan cientos de ciclistas sin un mínimo de espacio o de garantías... SI, en este momento (marzo 28 de 2019 a las 11:20pm) por convocatoria de la LCU se está haciendo algo increíble, y aunque yo no pude estar tenía que expresar abiertamente  lo valiosos que estos actos de pueden llegar a ser para la comunidad. 



Cuando ellos se retiren de ahí habrán personas que apenas estén saliendo de sus trabajos en su bicicleta, porque mañana a las 5AM cuando nosotros apenas estemos despertando ya habrán muchas vidas pedaleando, porque para las familias de quienes saben que su espos@, su hij@, su niet@ va a pasar por ahí e incluso para las familias de quienes ya no están, para todos ellos estas acciones valen muchísimo. Aunque los políticos y los de arriba no lo entiendan, para un ciclista tener un espacio en la vía, ver un par de líneas en el carril que le permitan pasar con su bicicleta en un espacio que alguna manera es independiente es una forma de dignificación, es un mínimo de respeto, es lo menos que demuestra un interés por la vida de quien está pasando por ahí.



Así que yo, Jenniffer, como la ciclista que soy, como amiga, novia y compañera de much@s ciclistas, no solo valoro la convocatoria hecha por la liga sino que agradezco a todos y todas quienes atendieron al llamado y participaron, porque aquí no importó el nombre del colectivo, la bandera, el género o la localidad, aquí PRIMÓ EL AMOR POR LA VIDA, el deseo de muchos ciudadanos de mantenerla, de respetarla, de conservarla y eso no tiene sellos distintivos solo seres humanos dispuestos a hacer comunidad, a ser sinergia y ese deseo y esa lucha nadie se las puede arrebatar. 

Esta es la mínima expresión de que no olvidamos a quienes ya no pedalean junto a nosotros, de que el ciclista anónimo si está siendo pensado por alguien, que hay quienes si se detienen a mirar esos hoyos negros de la ciudad donde se han apagado vidas para evitar que se vuelva a repetir, que cada día somos más los que nos preocupamos por el compedal del lado.

Gracias.

2 comentarios:

  1. Epa, esta vieja es tremenda energía. Severas palabras, ojalá todo lo que están haciendo siga hasta que tanta muerte de ciclistas se acabe.

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    1. Muchas gracias Karl. Te invitamos a seguir pendiente de las acciones ciudadanas a favor de la bicicleta. Jenniffer es una gran activista de la bici. Saludo cordial.

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